La obediencia del discípulo nunca es desfraudada

En la reunión de ayer, reflexionamos sobre el pasaje en San Juan 6:1621, y llegamos a las siguientes conclusiones:
  •  El Señor nos aleja del riesgo de mundanizar su propósito. Su reino no es material, sino integral. No se trata de perseguir los milagros del Señor sino al Señor de los milagros.
  •  La barca (que representa a la comunidad de la Iglesia) está expuesta a entrar en las tinieblas, a la falta de visión y de dirección, cuando pierde de vista a Jesús y busca arribar a buen puerto a puro esfuerzo humano.
  •  La obediencia del discípulo, nunca es defraudada, la mirada atenta y vigilante del Señor la acompaña.
  •  Cualquier servicio, ministerio, acción o cooperación con el Plan Divino, tiene que ser puesto bajo la supervisión de Dios.
  •  El Señor nos deja constancia de cómo actúa en estas situaciones
    • Se acerca a nosotros, no importa las circunstancias y los obstáculos humanos o materiales que se presenten, (camina sobre las aguas)
    • Calma las tempestades, es decir, nos da su Paz en medio de la tribulación.
    • Cuando lo incluimos en la misión  cuando lo invitamos a ser parte de nuestra comunidad, nuestro grupo, nuestra parroquia, nuestra misión o servicio  lo que parecía imposible, se hace posible  (una vez que subió a la barca, llegaron a tierra)
       
  • Estamos humanamente expuestos a olvidarnos muy rápidamente de los milagros que observamos y de las gracias que recibimos y ante las circunstancias adversas, el miedo nos bloquea.
  • El viene en nuestra ayuda, nos recuerda que es Dios (Yo soy) y nos dice que no temamos. Nos da la garantía de que si Él lo permite, podemos confiar, que así lo veamos o no, el propósito es bueno. Es su voluntad, la que es "buena, agradable y perfecta".
     
  • Necesitamos que la Luz de Cristo nos ilumine para que no se nos ciegue la mente, para lo cual es muy importante estar atentos a su Palabra, escucharla frecuentemente y meditarla.


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